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¿Cómo prevenir enfermedades renales en los niños? 


Las infecciones urinarias son la causa más común de infecciones bacterianas en niños y se pueden presentar en aquellos sin inconvenientes relacionados o con alguna anormalidad. Especialmente, los niños que evidencian su primer episodio de dificultad en la vejiga o uretra antes del segundo año, deben ser evaluados con una ecografía de vías urinarias para detectar posibles complicaciones. Adicionalmente a los factores anatómicos, los hábitos inadecuados de vaciamiento de la orina, el estreñimiento y otros factores dietarios, pueden contribuir a un riesgo elevado de infección. 

El riñón es el órgano encargado del equilibrio de agua, de electrolitos y es necesario para el crecimiento adecuado de los niños. La enfermedad renal puede presentarse de manera crónica o aguda, con un rápido deterioro de la función renal y con la acumulación de productos de desecho. Cuando la lesión del riñón es irreversible y genera enfermedad renal de larga duración, el 10% de estos pacientes, que en algún momento son hospitalizados por cualquier causa, pueden presentar algún grado de lesión renal aguda. 

Las enfermedades que comprometen la función de los riñones pueden detectarse antes o después del nacimiento. Las anormalidades congénitas de los riñones y de las vías urinarias (CAKUT) son una causa importante, hasta en un 60%, de una enfermedad renal crónica. Su detección temprana durante el embarazo puede disminuir el riesgo de deterioro renal durante la infancia. Si se presenta alguna dilatación de la vía urinaria (hidronefrosis) pre o postnatal, debe realizarse un control ecográfico. La dilatación de bajo riesgo, o pielectasia, puede resolverse durante el seguimiento en el tiempo, sin embargo, cuando el riesgo es moderado o alto, puede deberse a alteraciones obstructivas o a la presencia de reflujo vesicoureteral, es decir, reflujo de orina a los riñones, lo que puede condicionar riesgo de infección urinaria. 

La salud renal de los niños también depende del acompañamiento diario de los padres, en todas las rutinas que implican el adecuado vaciamiento de orina y de materia fecal. Así como fomentar la ingesta de suficiente agua y alimentos saludables, para evitar el riesgo de una infección urinaria.  

De igual forma, es importante considerar que existen ciertas nefropatías hereditarias, es decir padecimientos del riñón que se relacionan con herencia familiar, hasta en un 19%, y enfermedades glomerulares (el glomérulo es la unidad funcional del riñón en la que se desarrollan los procesos para la producción de orina), hasta en un 14%, causantes de la enfermedad renal crónica. En estos casos; es fundamental considerar el seguimiento de nefrología pediátrica, ante la evidencia de anormalidades en la orina, como: sangre u orinas espumosas y reflejo de la presencia de proteínas. En ese sentido, los controles médicos son importantes en niños y adolescentes para diagnosticar una enfermedad renal oculta. 

Así mismo, se conoce que la población de niños prematuros es cada vez mayor. En estos niños o en aquellos con bajo peso al nacer, la reducción de unidades funcionales del riñón (nefrona) o masa renal disminuida, es un factor predisponente para hipertensión y enfermedad renal crónica en la edad adulta. A su vez, existe un crecimiento exponencial de la población de niños con sobrepeso y obesidad, lo que condiciona a mayor riesgo de hipertensión, enfermedad cardiovascular y renal. Esto se debe a factores dietarios inadecuados y a una menor actividad física, situación que se ha agravado en este último año de pandemia y aislamiento obligatorio. 

La intervención más importante y contundente en salud, es la prevención. La enfermedad renal en pediatría puede presentarse, incluso, antes del embarazo como es el caso de la espina bífida, donde la ingesta de ácido fólico preconcepcional disminuye claramente el riesgo de presentarla. Así mismo, otras enfermedades renales en la infancia requieren de una detección oportuna y de un adecuado seguimiento, para evitar el impacto de alteraciones en la adultez. 

 

Por: Vanessa Amparo Ochoa – Nefrología Pediátrica Fundación Valle del Lili.