¿Cómo fomentar el vínculo entre padres e hijos?

 

Desde antes del nacimiento se van estableciendo vínculos entre padres e hijos, vínculos afectivos que persisten en el tiempo y que proveen protección y seguridad al pequeño durante mayor parte de su vida.

Todo alrededor influye en el desarrollo de esta relación y en las emociones de los padres y los hijos. Desde el medio ambiente en el que la embarazada se encuentra hasta su estado psicológico en las etapas prenatal y postnatal desempeñan un papel importante en el proceso.

Por ello, es importante tener un ambiente sano para la madre y el bebé, en el cual este vínculo se pueda desarrollar correctamente desde el día1.

 

Educar desde el amor, un paso seguro porque ¡con amor todo es posible!

Es fundamental establecer un vínculo afectivo durante los primeros meses de la vida, evitando separaciones durante este tiempo y criando a los niños desde al amor porque el desamor en la crianza conlleva, en la mayoría de los casos, a tener adultos violentos. Por el contrario, el niño criado con afecto va a tener herramientas para sobreponerse a las adversidades que se le presenten en la vida.

Así pues, el deber como padres, al ser los primeros cuidadores, será transmitir seguridad, brindar amor, respeto, cariño, ternura y afecto desde el momento de la concepción. Es importante tener claro que la relación de pareja es diferente a la de padres y que se deben satisfacer las necesidades básicas del niño (alimentación, abrigo, caricias y arrullos) para un adecuado proceso de construcción de confianza básica.

El psicoanalista John Bowlby, desarrolló la teoría del apego y concluyó que el niño tiene una tendencia a formar un vínculo muy fuerte y fundamental con una figura materna o cuidador principal que forma parte de una herencia arcaica cuya función es la supervivencia de la especie (protección frente a los depredadores) esta tendencia es relativamente independiente de la alimentación.

Por ello, el bienestar psicológico del pequeño depende fundamentalmente del sentimiento de sentirse seguro en las relaciones de apego. La calidad de estas relaciones tempranas llega a ser determinante en el desarrollo de la personalidad y de la salud mental porque los vínculos afectivos se forman en la familia, ahí es donde el niño aprende a crecer como ser humano y a relacionarse con otros.

En todo este proceso, los padres transmiten a sus hijos sueños, emociones y frustraciones. Por este motivo es ideal que el vínculo afectivo entre los padres sea

un vínculo sano, pues a medida que el bebé crece va ampliando sus relaciones afectivas con otros miembros de la familia, comunidad y todas las relaciones dejan una huella en él.

 

¿Por qué es tan importante este vínculo afectivo?

Este vinculo permite que a través de la comunicación emocional entre madre e hijo y/o padre e hijo, se den las bases para la construcción de habilidades sociales, su desarrollo cognitivo y los mecanismos que en el futuro le permitirán la autorregulación emocional.

Cuando esta vinculación no se da de manera satisfactoria, podrían presentarse entre otras situaciones: intrusión, crítica y hostilidad en torno al menor y por otro, el no responder a las necesidades del niño, creándose patrones inseguros de apego infantil.

A nivel social, juegan un papel muy importante los modelos parentales, la presencia o ausencia del padre, de otros familiares, las creencias y los estereotipos sociales.

 

Crianza humanizada para un apego sano y seguro

La manera más efectiva para lograr un apego seguro es mediante la crianza humanizada. Esta crianza es aquella que tiene como pilares fundamentales el respeto, la ternura, el contacto físico y el reconocimiento del otro.

Por otra parte, en esta crianza, como menciona Horno, en su libro: Ser madre, saberse madre, sentirse madre, “los vínculos afectivos verticales dados en la relación padres-hijos, son los que nos anclan a la vida”, explicando la autora que esto va más allá de lo meramente biológico y agregando que nuestros hijos deben vivir con la certeza de nuestro amor, no desde la “cabeza” sino desde nuestras acciones, límites y caricias.

 

Recuerda: Un apego sano depende de tu amor, respeto, entendimiento y buenos límites durante todo el proceso de crecimiento.

 

Por: Dra. Patricia Montes Hasslocher y Dra. Zamira Montoya Camargo – Fundación Valle del Lili