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Hiperpadres


 

Las familias modernas tienden a convertir a sus hijos en su centro, siempre dispuestas a darles todo y a criarlos perfectos. Para esto están apareciendo los “hiperpadres”, quienes ejercen una crianza basada en la excesiva atención, anticipación a los deseos de los hijos, así como también, la resolución a todos sus problemas.

La hiperpaternidad es un cóctel con ingredientes como: la estimulación precoz, las agendas sin espacios en blanco, la tolerancia cero a la frustración y el enfrentamiento a cualquier adulto que cuestione las cualidades de su hijo. A pesar de que este comportamiento se establece, probablemente desde el amor y la preocupación por nuestros hijos, se está llevando por delante aspectos tan importantes en su desarrollo como la adquisición de autonomía, la capacidad de esfuerzo, tiempo para jugar, para aburrirse y aprender a crear, así como para solucionar problemas y a cambio, se están generando familias estresadas con padres infelices y niños sobreprotegidos.

Con la tasa de natalidad disminuida al mínimo (1 – 3 hijos por madre) se ha disparado un modelo de crianza originario de EE.UU y es característico de las clases medias y altas. Se está convirtiendo en un signo de los tiempos: hoy todos somos en algún grado hiperpadres, amamos y deseamos proteger a nuestros hijos, pero hay que hacerlo permitiéndoles ser responsables, autónomos y tolerantes a la frustración. Por tal motivo, es importante ejercer una “sana desatención”, relajarnos un poco, confiar en ellos y dejarlos ser.

El problema de la crianza de hoy es que nos han hecho creer que para ser buenos padres, se debe estar las 24 horas, los siete días de la semana “hiperpendientes” de nuestros hijos. Siempre tendremos que estar pendientes, pero sin asfixiarlos ni anularlos. La crianza no es una carrera de obstáculos ni una competencia, es importante dar tiempo libre a los hijos, darnos tiempo libre a nosotros y permitirles equivocarse.

La hiperpaternidad presenta modelos conocidos como:

  • Padres helicóptero: sobrevuelan sin descanso la vida de sus hijos, siempre pendientes de todos sus deseos.
  • Padres apisonadora: intervienen en sus caminos para que no tengan dificultades, preparando el camino para sus hijos en vez de preparar a sus hijos para el camino.
  • Padres guardaespaldas: progenitores extremadamente susceptibles ante cualquier crítica sobre sus hijos. Siempre los justifican.
  • Madres chofer: van llevando a sus hijos de extraescolar en extraescolar.
  • Padres que les hacen las tareas: este hecho se vincula a la idea de evitarles la frustración, cuando en realidad la vida está llena de frustraciones. También, está la competencia que queremos que nuestros hijos sean los mejores.

Una de las causas de la hiperpaternidad es la baja natalidad, por eso tener un hijo se convierte en un tesoro, y si además lo tenemos tarde, hemos tenido tiempo de pensar cómo queremos que sea. El hijo es un símbolo de estatus, un reflejo de nuestras aspiraciones, un producto de lo que queríamos ser; por eso queremos que sea “perfecto”. La búsqueda de los hijos perfectos resulta contraproducente. Se debe apostar a educar personas, en el sentido más humanístico de la palabra. La sociedad necesita personas, no seres perfectos.

Aunque ejercida con la mejor intención, la hiperpaternidad está provocando niños sobreprotegidos, se está confundiendo la responsabilidad que implica ser padres con la resolución sistemática de todo. Este afán por sobreproteger resulta en la desprotección. La obsesión por el “hiperhijo” resulta en un hipo niño, un individuo más frágil, más inseguro y dependiente, que carece de una habilidad fundamental para la vida: la autonomía, pero que además está creciendo con la idea de que es el centro del mundo y que tiene muchos derechos, pero pocos deberes, convirtiendo a nuestros hijos en tiranos.

Los niños criados entre tantos algodones y amortiguadores, tienen muchos miedos y estos son exagerados, el miedo provoca que uno no pueda ser uno mismo y a partir de ahí empiezan otros problemas más serios como: la falta de identidad, la tolerancia cero a la frustración y hasta la depresión.

¿Cómo podemos saber si nos hemos convertido en hiperpadres?

Hay dos señales. Una es, si no eres capaz de observar a tu hijo sin intervenir a la primera oportunidad y la segunda es, cuando se habla en plural de los hijos (hoy tenemos examen, hemos aprobado, hemos logrado). Los hiperpadres también intervienen mucho en la escuela, vigilando, criticando y analizando amigos y maestros.

RECUERDA: la consecuencia de este tipo de crianza son niños sin tiempo para jugar, pero con un exceso de actividades extraescolares, hiperestimulados, estresados y con ansiedad de triunfo, pero sin las herramientas para afrontar el fracaso. Hay que darles amor y atención, pero con límites claros, responsabilidades y tiempos en blanco. Hay que permitirles superar obstáculos, esto es lo que finalmente les generara autoestima.

 

 

Artículo escrito por la Dra. Sandra Patricia Concha.