support_agent
phone_in_talk Llamanos
phone Te llamamos
mail_outline Servicio al usuario
fact_check Especialidades

¿Cómo afrontan el duelo los niños, niñas y adolescentes?¿Qué puedo hacer?


“La incomprensión del adulto, su falta de respuesta a las preguntas del niño, o el responder con una mentira, provoca más dolor que la explicación de la situación. Hay adultos que creen que el niño no comprendería una explicación verbal. Los niños expresan su temor a la muerte y lo hacen más frecuentemente a través de un lenguaje no verbal, pero en todos los casos es el mundo adulto el que teme enfrentar el problema”.  Arminda Aberasturi.

 Los niños, niñas y adolescentes enfrentan múltiples pérdidas entre las que se encuentran: la salud, la autonomía, dejar el colegio, trasladarse a otra ciudad, dejar a sus seres queridos, y la más significativa, la pérdida de los padres, abuelos, hermanos, animales y el duelo por su misma posibilidad de morir. Esto genera un impacto emocional que es importante identificar, permitiendo entender que frente a estas pérdidas aparece un proceso al que llamamos “duelo”, el cual es una reacción natural, normal y esperable. Por ello, la primera afirmación que se debe hacer en este caso, es que indudablemente los niños sí viven el duelo, lo sienten, lo experimentan y lo vivencian de diferentes formas.

 Ante la muerte de un ser querido, es vital que podamos dialogar con el niño abiertamente de la muerte, no es recomendable generar historias engañosas frente a la pérdida como: “se fue de viaje”, “volverá”, “está dormido”, entre otros. Si bien se entiende que queremos protegerlos del sufrimiento tratando de negar el dolor, este tipo de afirmaciones hace que el proceso de duelo en los niños no se lleve de una forma adecuada, debido a que siempre estarán esperando que su ser querido vuelva y por ende, no se les permitirá experimentar las reacciones habituales que se presentan frente a una pérdida y por el contrario, se generaran problemáticas o trastornos mayores que lo llevarán a un deterioro físico y emocional.

Por tal motivo, es pertinente dar un espacio de escucha con los niños favoreciendo la comunicación, permitiéndoles de esta forma experimentar reacciones habituales del duelo como lo son: la rabia, la negación, el miedo, el temor, la culpa, el reproche, la tristeza y la depresión. Si bien las reacciones emocionales anteriormente mencionadas son normales dentro del proceso de duelo, también existen ciertos signos de alarma que hay que identificar a tiempo, por lo cual se recomienda buscar ayuda profesional si observa alguno de los siguientes en el niño:

  • Exceso de llanto durante periodos.
  • Rabietas frecuentes y prolongadas.
  • Apatía e insensibilidad.
  • Un periodo prolongado en que el niño(a) pierde interés por los amigos y actividades que solían gustarle.
  • Pesadillas frecuentes y problemas de sueño.
  • Miedo a quedarse solo(a).
  • Comportamiento infantil durante un tiempo prolongado.
  • Frecuentes dolores de cabeza solos o acompañados de otras dolencias físicas.
  • Importantes cambios en el rendimiento escolar o desmotivación por ir al colegio.

Con el fin de cuidar bien de nuestros niños y prevenir alteraciones mayores frente a las reacciones que se generan durante el proceso de duelo, se recomienda que los familiares y cuidadores más cercanos respondan a las necesidades del niño en sus rutinas normales, teniendo en cuenta la alimentación, la higiene y el descanso. Se debe procurar que la persona que cuide al niño(a) le brinde cariño y apoyo; además de ofrecerle respuestas a sus necesidades de ser estimulado, de distracción y permitirle las regresiones (en la edad de 3 – 5 años).

Adicionalmente, es importante estar abierto (sensible) a la ansiedad y miedo que le despierta al niño la separación. Igualmente, incentivar sus actividades normales y rutinarias, permitirle recordar al ser querido que murió, contestar a las preguntas que realicen de forma sincera, compartir, resaltar y confirmar que lo ocurrido no ha sido por su culpa y finalmente permitirles hablar de la muerte y buscar ayuda apropiada.

Artículo escrito por:

Isabel Cristina Correa Cardona Psicóloga, Mg. Psicología.

Oncología y Cuidados Paliativos Pediátricos Fundación Valle del Lili

isabel.correa@fvl.org.co