¿Es malo permitir que los niños se frustren?

Siempre será importante que los niños se hagan fuertes ante las adversidades y sepan reponerse de las situaciones que no salen como se esperan, por eso es importante enseñarles desde pequeños a tolerar la frustración. La sociedad tan exigente y veloz en la que vivimos, los lleva a que no valoren el proceso de aprendizaje como un reto en el que el ensayo y el error forman parte de generar una competencia emocional básica para la propia madurez y un desarrollo mental saludable.

Ser tolerantes a la frustración es ser capaces de aceptar lo que no siempre se cumple, y que, a pesar de ello conseguimos sobreponernos para darle una solución o para aceptarlo. Se trata de educar a los niños en la realidad social actual y prepararlos para vivir la vida según su entorno, en donde aprendan a identificar que existen momentos donde ganarán y otros que perderán. De esta manera, aprenderán a valorar lo que tienen y serán agradecidos, pacientes, crecerán con mayor autoestima, fortaleciendo sus capacidades de aceptar sus propios errores, viéndolos como una oportunidad de mejora y así mismo serán valientes porque no le tendrán miedo al fracaso. Todo esto le permitirá al niño relacionarse mejor con los demás de una manera empática y resiliente.

Ahora bien, la frustración siendo una vivencia personal es desagradable y cada uno reaccionará de manera diferente; este estado puede generar emociones como ansiedad, rabia, depresión, angustia, ira y se puede acompañar de pensamientos autodestructivos, la mayoría de las veces es transitoria y no es en sí misma patológica, siempre y cuando se aprenda a tolerarla y regularla, ojalá desde pequeños.

Complacer siempre a los niños (permisividad) y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación (sobreprotección) no favorece su desarrollo integral como persona, ya que a medida que crecen se enfrentarán a situaciones tanto de éxito como de fracaso, de aceptación y de rechazo. La no tolerancia a la frustración podría generar el desarrollo de una actitud agresiva, sentimientos de baja autoestima, conductas de ataque hacia los demás, dificultades en el aprendizaje, consumo de sustancias tóxicas o retraimiento social.

¿Cómo educar en la tolerancia a la frustración?

  • Tener normas y límites claros en los que los dos padres estén de acuerdo.
  • Enseñar a los niños a esperar y a ser pacientes con las cosas que quieren.
  • Evitar sobreprotegerlos y tampoco ser demasiado permisivos.
  • Reforzar en los niños sus conductas adecuadas.
  • Elogiar a los hijos cuando no reaccionan con ira ante la frustración y cuando utilice la estrategia adecuada.
  • Educar en la cultura del esfuerzo. Es importante enseñarle al niño que es necesario esforzarse como la mejor vía para resolver algunos de sus fracasos.
  • Evitar facilitarle todo al niño, ya que esto no se les permite alcanzar sus retos por sí mismos, será difícil que puedan equivocarse y aprender de sus errores para saber enfrentar el fracaso.
  • Ignorar y no prestar atención a sus conductas para que poco a poco se vayan extinguiendo. Dedíquele tiempo para gestionar sus rabietas y darles la oportunidad de desarrollar la creatividad para buscar soluciones.
  • Ensenar a los niños a expresar sus emociones.
  • Entender qué les pasa y escucharlos expresar sus sentimientos ante cualquier hecho frustrante. Esto es una ayuda para aumentar su tolerancia a las situaciones desagradables.
  • Acompañar al niño en sus actividades diarias, así se participará del esfuerzo y no solo del resultado.

Para finalizar, la frustración forma parte de la vida y aunque no se puede evitar, se puede aprender a manejar y se convertirá en una oportunidad de mejora y enseñanza. Por lo tanto, la tolerancia que lleva a la frustración es una habilidad emocional que se adquiere en la niñez a través de la práctica, haciendo frente a las emociones desagradables que se tienen cuando la realidad no encaja con los deseos internos.

Pequeñas dosis de frustración, le permitirá al niño crecer si cuenta con el apoyo y el cariño de los padres para superarlas, así las frustraciones se transformarán en enseñanzas de vidas positivas.

Recuerde que el mejor ejemplo será una actitud positiva de los padres a la hora de afrontar las situaciones adversas.

Escrito por: Dra. Sandra Concha – Pediatra de la Fundación Valle del Lili.