Los gritos e insultos afectan el desarrollo cerebral de nuestros hijos  

Dra. María Teresa Agudelo C., pediatra 

Durante la crianza de nuestros hijos, en ocasiones aisladas, bien sea por estrés y angustia, puede ocurrir que le gritemos a nuestro hijo.  

Cuando lo verbal se vuelve frecuente (gritos e insultos por parte de los padres, que buscan desvalorizar al niño), entramos a hablar de maltrato psicológico. 

Lamentablemente, la disciplina del miedo, las amenazas y de las criticas constantes, incluso con un cierto nivel de insultos, se han normalizado en nuestra sociedad y la agresión verbal al menor se asume como un mecanismo para imponer disciplina. 

Algunos padres creen que insultar no es igual que golpear, pero se equivocan. Las palabras fuertes y humillantes generan los mismos sentimientos de dolor (emocional y psicológico), frustración e impotencia, que el castigo físico en los niños.  

Los gritos e insultos, son una forma de violencia y la exposición de los niños a situaciones de este tipo, pueden alterar el desarrollo fisiológico del cerebro y repercutir en el crecimiento físico, cognitivo, emocional y social del niño.  

David Bueno Torres, investigador de la Universidad de Barcelona y especialista en Neurociencia, dice: “Un niño no recordará lo que ha vivido antes de los 3 años, pero eso no significa, que no le quedará una huella en su cerebro si ha sufrido algún tipo de violencia”.   

Por consiguiente, podemos observar que algunas de las consecuencias físicas y sociales más frecuentes tras el castigo físico y el maltrato psicológico en niños son: 

  • Baja Autoestima: los niños a menudo pueden experimentar sentimientos de inferioridad e inutilidad, también pueden mostrarse tímidos y miedosos. 
  • Sentimientos de soledad y abandono: los niños pueden sentirse poco queridos, aislados o abandonados. 
  • Imitación: los niños aprenden que la violencia es un modelo válido para resolver problemas. 
  • Predisposición: puede experimentar miedo, ansiedad, desencadenado por la presencia de un adulto que se muestra agresivo o autoritario. 
  • Comportamientos autodestructivos: algunos desarrollan lentamente, sentimientos de angustia, depresión y comportamientos destructivos, como la automutilación. 
  • Trastornos de identidad: los niños pueden tener una mala imagen de sí mismos, creer que son malos y por eso sus padres los castigan.  

Como padres, debemos estar atentos a nuestras propias emociones y aprender a responder a ellas de forma asertiva.  

Como la crianza que nos dieron influye en nuestro comportamiento, cuanto más conscientes estemos de nuestro actuar, más posibilidades tenemos de elegir a conciencia, una crianza para nuestros hijos basada en el amor y respeto. 

Si desea ponerse en contacto con algún especialista, para obtener más información al respecto, lo invitamos a comunicarse al número (602) 3319090 Ext. 7335. 

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